Mi experiencia dentro de una congregación
Con el
siguiente ensayo sólo deseo dejar escrita mi experiencia en donde, por primera
y única vez, estuve dentro de una congregación religiosa.
El día
26 de diciembre de 2015 entré, por invitación de mi madre, a una comunidad
judía mesiánica la cual se ubica en el centro de Caracas. Mi intención era ver
cómo eran sus prácticas, mas no participar muy dentro de ella porque siempre
pensé que las congregaciones religiosas son cerradas y dogmáticas, en las
cuales se dedican a embrutecer a sus fieles seguidores. Allí dentro fui
recibido por el rabino líder del grupo quien me atendió de manera muy amena y
cordial. Me explicó parte de lo que creen indicándome que su enfoque hebreo es
bajo la figura de Yeshua Hamashiaj (el Maestro Jesús) porque él era judío.
Después de esto, me lavaron las manos, me pidieron recitar una oración la cual
se basa en esta práctica para posteriormente pasar a las bancas.
Lo que vi
no se diferencia a otras prácticas que no haya visto. Como dije al principio,
yo no me congregaba en ninguna parte, pero eso no quita que no haya visto en
alguna oportunidad las actividades que se llevan a cabo dentro de una iglesia
católica, evangélica, adventista o de cualquier otra línea religiosa. Los
mesiánicos comienzan con unas oraciones litúrgicas, realizan el paseo de la
Torah la cual me gustó, hacen la lectura de varios pasajes de este libro y
luego el rabino pasa al altar a hacer la denominada Parashá, la cual es el
sermón. Recuerdo lo que dijo y también me gustó mucho: “Nunca le lances piedras
a la fuente que te dio de beber.” El mensaje es que si aprendiste algo de ella
y eso te llevó a donde estas ahora, agradece siempre el haber pasado por allí.
Luego se pasa a la alabanza, se hace el servicio del Qurbam, la bendición del
kidush y el pan concluyendo con la oración Aronica.
Todo
bien, me dieron una calurosa bienvenida, aprendí algo nuevo y recibí un buen
mensaje. Siempre estuve atento de no dejarme manipular por sus ideas expresando
lo que pensaba, pero sin decir mucho de mí. Toda la liturgia se acabó a las
2:00 pm en donde los congregantes tienen dos horas para comer y reposar. A las
4:00 pm se lleva a cabo una clase en donde el grupo se divide en dos, uno
conformado por mujeres y otro por hombres. El primero es dirigido por la
revetza, la esposa del rabino, mientras que el segundo es manejado por el líder
de la congregación. Dentro de la clase hice una pregunta: “¿Es cierto que para
ser judío se debe hacer la circuncisión?” “No. Eso no importa. La verdadera
circuncisión es la del corazón.” Me respondió el rabino.
Siempre
asistía los días sábados porque en la Torah se indica que este es el día del
Eterno, así es como denominan a Dios. Hubo uno que otro sábado que no pude
asistir porque tenía compromisos personales o porque quería dormir. En lo
personal pienso que todos los días son de Dios. Quiero aclarar que aunque no
sea religioso pienso que Dios no es religión, Él es el Todo. Religión y espiritualidad
no son lo mismo.
Lo más
importante de este ensayo y de mi experiencia la voy a contar a continuación.
Aunque asistí por siete meses esa institución, sentí muchas cosas bonitas y
gracias a mis capacidades de canalizar espíritus ellos corrigieron cosas en mi
vida. Por ejemplo, siempre pensé que lo que los demás pensaran de uno no es
importante, pero en parte no es así. Si alguien, de manera equivoca, habla de
uno tenemos el derecho y el deber de aclarar las cosas, de defendernos porque
todos tenemos dignidad. En caso de la que la otra parte no quiera entender y
continúe, lamentablemente se debe ir a otras instancias y apartarse de esta
persona para evitar situaciones hostiles y de que energías densas nos
perturben. Eso lo aprendí allí gracias a los conceptos que los espíritus, que
allí residen, me indicaron. Una cosa que me ocurría durante las primeras
semanas es que la energía sexual y la energía espiritual se confunden y
comenzaba a ver a las mujeres con deseo. Me aparté de esos pensamientos y le
dije al Padre: “Padre, yo no busco esto, busco aprender. Por favor, quítame
eso.” Y así fue. Los malos pensamientos se fueron y hubo respeto de mi persona
a las mujeres de la congregación. Aclaro que sigo siendo un hombre y veo, pero
con respeto y sin buscar lo que no se me ha perdido. Otra cosa que me pasaba es
que sufría de ataques de ansiedad y haciendo lo mismo se me quitó.
En tres
ocasiones el rabino organizó un grupo, conformado entre cinco u ocho personas
para hacerle mantenimiento al templo ya sea pintando, limpiando, arreglando las
bancas y las puertas. Participé en esas actividades y aunque al final de la
tarde me iba todo sucio, salía contento y satisfecho por haber hecho una buena
obra. También participé en dos vigilias en las cuales se hace oración para
pedir por el país, por los familiares, las personas que necesitasen de alguna
ayuda y para uno mismo. En una de esas vigilias, la esposa del rabino pidió
cortar cualquier atadura que produjera sufrimiento y justo en ese instante
sentí un golpe en la boca del estomago, como un puñetazo, que me hizo correr al
baño a botar una inmundicia que seguro tenía almacenado allí desde hace mucho
tiempo. Lo que me llamaba la atención es que nunca sentí sueño y también me
sentí bien.
Otra
cosa que me gustó es que tuve hermanos en la fe, nunca había tenido eso. Lo que
no me gustó de haber estado allí viene a continuación. Lamentablemente, y eso
fue algo que dijo la esposa del rabino la primera vez que asistí allí, es que
no existe congregación perfecta, pero esta debe mejorarse con el tiempo. Y no
se equivocó, por lo menos en la primera parte. Allí dentro de la congregación
existen personas mal intencionadas que disfrutan de hablar mal de las personas
y husmear en sus vidas. La envidia también habita allí, el servilismo y el
dogmatismo. Vi mucho evangelio allí y con el respeto que se merece cualquiera
que siga la fe que tenga y lea estas palabras, debo decir que los evangélicos
no me gustan. Los hago a un lado, los respeto sí, no los ataco a ellos ni a
nadie, pero no me gustan. La experiencia que he tenido con ellos es que son
hipócritas, envidiosos, embusteros, oportunistas, ladrones y con muchos otros
malos calificativos. No lo son todos, pero si la mayoría que he tenido la
oportunidad de conocer. Con la excusa de que Dios y el Maestro son
misericordiosos hacen sus tropelías. Pude observar, dentro de la comunidad, de
que muchos no son fieles a la línea hebrea, que arrastran sus ideas y prácticas
y no tienen la intención de corregirse.
Esto es
lo malo de la religiosidad, que deja fuertes daños y secuelas en la mente de
las personas. Las personas que siguen una fuerte y dogmática vida religiosa se
obstaculizan muchas cosas de la vida que en vez de disfrutar y aprender, juzgan
y condenan. Pero aprendí que no se puede conocer de verdad algo si no lo vives.
Todo está en la experiencia, y más que todo sobre los temas espirituales. Lo
que lamento es cuando crían a un niño desde esa perspectiva y no le dejan ver
las cosas hermosas que tiene el mundo.
En otra
oportunidad, un miércoles del mes de julio de 2016, fui invitado a una reunión
donde un grupo pequeño de congregantes asistían para hablar de la palabra,
estudiar a Mashiaj, enfocándolo en la Torah para aplicar lo aprendido en
nuestras vidas. Me encantó participar allí porque no había un liderazgo, todos
participaban, había respeto, madurez y se aprendía de verdad, cosa contraria a
las clase que se daban los sábados donde no se avanzaba porque habían varias
personas que les gustaba imponer sus ideas, con actitudes infantiles se
levantaban de la silla amenazando irse porque no les dejaban hablar. En estos
caminos no se puede imponer nada a nadie porque nadie es dueño de la verdad. La
verdad siempre se enriquece y nadie puede vivir con la verdad de otro porque
cuando esa persona se equivoque o mienta el mundo se te va a caer. Puedo citar
las palabras del Maestro cuando dijo: “Vino nuevo a odres nuevos, si colocas
vino nuevo en odres viejos estos se rompen.” Con lo que quiso decir es que las
ideas nuevas deben colocarse en mentes nuevas. Debemos cambiar nuestra
mentalidad para adquirir los nuevos conocimientos que nos llegan.
Hazme
caso, duda de todo lo que te digan y busca por ti; construye tu propia verdad y
no intentes imponer nada. Todo llega.
Cuando
llegó el sábado de esa semana, el rabino me llamó aparte para hablar conmigo.
Me preguntó cómo me iba en mis cosas y llegó un punto de la conversación en
donde me dijo de la reunión a la que asistí, le dije que ciertamente participe.
Me explicó que lo que estábamos haciendo era una rebelión porque violamos cinco
preceptos de la Torah. Le respondí que nunca se habló de algo que estuviese
fuera del libro, de sus enseñanzas y que el estudio que se llevó a cabo, en la
única oportunidad que asistí, fue sobre Yeshua enfocado en la Torah para
aplicarlo en nuestras vidas. Él me dijo que eso estaba muy bien, pero que él no
había autorizado ni visto el material con el cual estudiábamos. Le dije que uno
de los que participó me dijo el nombre del libro y que el rabino lo había leído
y le dio el visto bueno autorizando su estudio. Me dio la razón, pero me
también me dijo que el compañero que dio ese dato era un rebelde, impuntual e
inconstante y que no me dejara embaucar. Le expliqué que allí no había líderes,
ni se estudiaba nada distinto a la Torah. No hice nada malo. Me indicó el líder
de la congregación que él no me podía obligar a seguir yendo, que era mi
decisión en seguir asistiendo a la sinagoga o continuar con las reuniones, pero
que no podía asistir a los dos lugares. Me explicó que durante su trayectoria
se ha visto obligado a expulsar a dos personas de esa congregación. No recuerdo
las razones. Allí pude saber que lo que quería el rabino era absoluta
obediencia a su persona, pero lo que no sabe es que yo no sigo a hombres, sino
al Supremo, al Altísimo, al Todopoderoso y la única manera de hacerlo no es con
ideas dogmáticas, sino amando al prójimo, ayudándolo, colaborando, enseñando,
sanando y corrigiendo.
Le dije
al rabino que no me iría, pero tampoco le prometí que dejaría de ir a las
reuniones. Decidí hacer esto porque le debía dinero y temí decirle que no iría
más a la sinagoga pensando me cobraría el dinero pendiente. No disponía de
dinero para pagarle unos libros que me vendió.
Muchas
cosas cambiaron después de esa tarde. Me sentía molesto por la manipulación
porque si esto no lo hago con nadie, no podía permitir que me lo hicieran a mí.
Pero agradezco el haber vivido eso porque ahora sé lo que guardan estas
comunidades. Muchos de los que se reunieron conmigo no fueron más a la
sinagoga, cosa que estuvo mal porque sabiendo que no hicieron nada malo le
dieron la razón a quien no la tiene. Es más, a esta fecha no supe quien nos
delató y el rabino no lo dijo tampoco. Pienso que hubiese sido justo que el
rabino sentase a los que se reunían y al que delató para aclarar las cosas.
Según la Torah si el acusado no se le deja hablar y defender sus argumentos se
está cometiendo asesinato. Por lo menos, no murió nadie.
Sentí
desgano de seguir asistiendo. Pero pensaba que si dejaba de ir, entonces que
haría después. Me daba una tristeza rara porque en todas las cosas buenas o
malas que pueda haber sé que en el fondo se quiere ayudar y hacer el bien. Esto
es algo que todos debemos buscar hacer.
Para
concluir debo decir que todos tienen derecho a creer y de no creer en lo que
quieran. En lo personal sé que la experiencia lo es todo y no sabrás lo que es
algo hasta que lo vivas. Para saber de los caminos espirituales primero se
deben vivir en carne propia, lo bueno y lo malo. Este no es un proceso
intelectual, eso viene después gracias al estudio y al análisis, pero primero
está en la esencia, en la piel, en el dolor, en la alegría, en la paz, en el
alma, en la consciencia y en el ser. Aún pienso que hay algo que debo aclarar
allá y que mi camino no termina allí. Debo seguir aprendiendo para servir
mejor. Se me confirmaron allí cosas que ya sabía como no ser dogmático, no se
puede ser dogmático con el conocimiento, me di cuenta que el mismo rabino no
sabe muchas cosas, también supe que las experiencias espirituales deben ir de
la mano con el conocimiento gracias a un sermón que dio uno de los hijos del
rabino. Aprendí que, lamentablemente, hay lobos hambrientos con ganas de perjudicar
dentro de las comunidades religiosas. De verdad que por parte del rabino no
aprendí mucho, pero sí sentí las presencias que fueron las que me guiaron.
También pude observar la falta de liderazgo porque mientras a nosotros nos
acusaban de una tontería, había alguien faltándole el respeto a las mujeres de
allí y las quejas de esto vinieron un mes después de mi conversación con el
líder de la congregación.
Algo
que no olvidaré, antes de celebrar la fiesta de Pesaj, fue como una mano que
estaba encima de mí y que me guiaba en la forma de comportarme y pensar. Me
sentí muy bien. Cabe destacar que a esta fiesta no participé por no estar
circuncidado.
Recuerda
que Dios no está en templos, ¡está en todas partes! Fuera y dentro de ti. A él
hay que vivirlo, hay que sentirlo. Cuando esto se hace suceden dos fenómenos:
lo verás en todas partes y se producen las sanaciones. Inténtalo.
Espero
que esto te sirva y mi consejo es que vivas. Esta experiencia me sirvió para
crecer porque estas vivencias lo curten a uno.
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