Comentario del artículo "Entre la fe y la racionalidad"
El día 21 de agosto de 2016 el Prof. Jorge Raúl Olguín presentó, en su cuenta de Facebook, un artículo titulado "Entre la fe y la racionalidad". A continuación, dejaré el mencionado material y al final mis comentarios.
Entre la fe y la racionalidad
Jorge Raúl Olguín
La fe puede definirse como una creencia que no está sustentada en pruebas.
La racionalidad es la capacidad que permite pensar, evaluar, entender y actuar de acuerdo a ciertos principios de mejora y consistencia, para satisfacer algún objetivo o finalidad. El ejercicio de la racionalidad está sujeto a mejora continua. Cualquier construcción mental llevada a cabo mediante procedimientos racionales tiene por tanto una estructura lógico-mecánica distinguible (razonamiento).
Entonces, la fe y la razón son dos formas de convicción que subsisten con más o menos grado de conflicto, o de compatibilidad. La fe generalmente es definida como fundamento en una creencia, como una convicción que admite lo absoluto. Mientras que la razón es fundamento en la evidencia, lo cual aproxima el objeto de fe a la idea del mito.
¿Y qué es el mito? Un relato tradicional que se refiere a acontecimientos prodigiosos, protagonizados por seres sobrenaturales o extraordinarios, tales como dioses, semidioses, héroes, monstruos o personajes fantásticos, los cuales buscan dar una explicación a un hecho o un fenómeno.Ahora bien, la fe se apoya en una creencia religiosa, que se diferencia del mito de forma amplia, si entendemos que este último no engendra culpa.
Leyendo a San Anselmo de Aosta podemos entender que el creyente cuenta con una serie de verdades que le propone su credo y que, en principio, asume como válidas desde su fe, lo que no implica de por sí que las proposiciones religiosas tengan que ser a su vez comprensibles desde la razón. Una primera consecuencia que se puede desprender de esta situación consiste en anotar que si el creyente se asume no sólo como un ser que está convencido de su credo, sino también como un ser que entiende, que cuenta con capacidades racionales, entonces su asentimiento frente a lo que le propone su fe no necesariamente implica que él mismo como ser racional asimismo lo dé por válido. Es una situación notable: indica que lo que la misma persona asume como correcto en cuanto creyente, no necesariamente corresponde con lo que ella misma entiende como tal. De una u otra manera, el creyente parece desdoblarse en dos personalidades parciales, lo que comienza a explicar la necesidad interna de tratar de comprender racionalmente la verdad de la fe. En palabras de Anselmo, la persona como ser integral parece requerir de la complacencia en la inteligencia de las verdades que se creen. Sin embargo, no es claro en qué pueda consistir esa complacencia, ni tampoco qué pueda ser lo que va generando esa especie de disociación de la personalidad del creyente. Algo de esto lo puede explicar la presencia del otro, es decir, del que en algún sentido no cree, y que motiva la necesidad de tener que pensar en oposición a las propias convicciones.
Entonces, ¿ese ‘otro’ es un álter ego, un segundo 'yo' que se cree es distinto de la personalidad normal u original de una persona? Porque si alguien quiere conocer su álter ego, querrá conocer su otro yo, que se caracteriza por tener una personalidad diferente a la suya. Y quizás sea la única forma donde coexistan la fe y la racionalidad en una misma persona.
Este artículo lo he compartido ya que tengo mi opinión personal sobre la fe. No tengo fe, tengo convicción gracias a las experiencias que he tenido.
"La fe puede definirse como una creencia que no está sustentada en pruebas". Pero si tengo la convicción de algo gracias a las experiencias espirituales que he vivido puedo decir, sin que nadie me haya contado nada, de que hay algo más allá y puedo razonarlo, no necesito creer en nada. Creer es dar la posibilidad de que algo existe sin tener fundamentos reales de ello, en cambio saber es otra cosa porque tienes el conocimiento preciso de que algo es, está y existe. Por ejemplo, no creo en Dios, sé que existe por lo que comenté, lo que he vivido, lo siento y lo vivo. Pienso que aquellos que dicen no creer en nada no es por culpa de la razón, sino que no han vivido, no han tenido la oportunidad de experimentar en carne propia que existen otras energías, polaridades, entidades y hasta al mismo Dios.
Saber de la espiritualidad, primero, hay que entender que no es una cosa propia de la intelectualidad, sino completa del ser porque después de lo empírico, de lo vívido, es que uno puede comenzar a evaluar, a pensar, a dudar de lo que le han dicho o de lo que otros piensan para uno mismo poder opinar.
Comentarios
Publicar un comentario